
Había una vez una empresa pública –pongamos que se llame Baerza– que trabajaba para la Consellería que dirigía con mano férrea un Conseller muy, muy de derechas y muy, muy católico –llamémosle Johnny Cotxino–. En la Comunidad donde estaba situada la empresa –gobernada por un oscuro personaje, bien vestido aunque con aspecto de rijoso sacristán llamado Paquiño Campsa– los dineros públicos desaparecían con asombrosa facilidad debajo de los bigotes de los amigos del alma del mencionado Campsa y en los mercados de naranjas –también llamados Orange’s Markets–.
En esa empresa, que dirigía un antiguo sospechoso de corruPPtelas –digamos que se llama Felope Espilota– cuando trabajaba en la banca (en el, llamémosle, Banco Moro) y que había colocado en dicho cargo un compi de escuela y actualmente secretario de manipulación del PPartido corruPPtar (desde ahora PP.PP.), el famoso Glez. Fons (de inversiones, money, money, money…), había varios sindicatos que representaban a sus trabajadores (digamos que, por orden de presencia, se llamaban OJT, KK.OO., STAFA, OSO y SET).
También había un individuo que representaba a la empresa desde hacía años –al principio, y hasta que se enteraron y lo corrieron a gorrazos, desde el seno de la OJT– y que se metía en todos los saraos como independiente, un tal, pongamos, Tonino Beatos (“el santo” le llamaban…). Tenía un compañero, infiltrado en KK.OO. igual que él lo había estado en la OJT, al que llamaremos Kabier Ha Armado Esto (“el bizconde” pa los colegas…).
Pues bien, La Conselleria de Cotxino decidió que le iban a reducir los dineros a Baerza, para que Campsa pudiera seguir jugando a barquitos con su Papa, y a carreritas del Scalextric con su novia Ritona Cazallera y un viejuno llamado Kakkleston. Espilota, haciendo honor a su apellido, acató sin dudar la orden de reducirlo todo menos los enchufados que Cotxino y sus colegas del PP.PP. habían colocado allí. Pero no había contado con que, por una vez en la vida, los cinco sindicatos dejarían de sacudirse hostias entre ellos y se unirían para repartírselas a él.
Acorralado al no tener ya peso el santo entre los representantes de los trabajadores, Espilota recordó que hacía poco que había colocado al bizconde en un puesto de cierta responsabilidad(¿?) y mejor sueldo en la empresa. Los trabajadores, liderados por los cinco sindicatos, se reunieron delante del Castillo de Campsa, para decirle al tío de todo menos bonito, y eso le dolió –se acercaban elecciones–, así que llamó a Espilota y le dijo que o lo arreglaba o le cortaría sus atributos.
Espilota se reunió en secreto con el bizconde para firmar un acuerdo con el que pretendían desactivar la protesta y, de paso, joder a los trabajadores de Baerza, como le ordenó en su momento Cotxino.
Así, en la reunión siguiente, los sindicatos, los cinco –ya que los de KK.OO. también fliparon con la firma del bizconde, como en su momento flipaban los de la OJT con lo que firmaba el santo–, se enteraron de la firma de ese acuerdo de mierda y pensaron: “Claaaaro... esas mejoras de algunos en su puesto de trabajo y en su sueldo tenían que tener un precio...”. Y, como había previsto el infame Espilota, los cinco sindicatos volvieron a sacudirse entre ellos.
- “No firmaremos jamás aunque haya firmado ese cerdo traidor”, dijo OJT.
- “...”, dijo KK.OO. (todavía estaban flipaos).
- “Pos yo por si acaso firmo”, dijo OSO (cosa bastante normal viniendo de un sindicato que nació al amparo del PP.PP.).
- “¿Cómo coño podemos sacar beneficio?”, dijeron los del STAFA (pero bajito, al oído y entre ellos...).
- “¿Alguien me puede contar de qué va esto?”, dijo el de SET.
Así, cuando los trabajadores fueron de nuevo al Castillo de Campsa, para decirle de todo menos bonito, la gente de KK.OO. ya no asistió. En el parlamento que hicieron cada uno de los sindicatos que asistieron, dijeron:
- En primer lugar el representante de OSO:
– Yo, por si acaso, he firmao.
- Después el de SET:
– ¿Alguien me puede contar de qué va esto?
- Después el de la OJT:
– No firmaremos nunca aunque ese cerdo traidor del bizconde haya firmado.
- Y, finalmente, el de STAFA, Tonet Berenat:
– Aunque ese asqueroso haya firmado, nosotros no firmaremos a no ser que vosotros, los trabajadores, nos digáis que lo hagamos.
– (a la oreja de Berenat) Oye, Tonet, que telefonean de la empresa y que dicen que ya están sentados en la mesa para que firmemos...
– (a la oreja del otro STAFero) Diles que se esperen un poquito, que en cinco minutos los tengo convencidos y me voy p’allá a firmar...
– Como os decía, no pensamos firmar a no ser que nos digáis lo contrario...
– (a la oreja de Berenat) Oye, Tonet, ¿tú crees que los trabajadores se tragarán que han sido ellos los que han decidido firmar?
– (a la oreja del otro STAFero) Claro, el mundo está lleno de imbéciles...
Y, así, los malos volvieron a ganar (como es habitual, por otra parte, en cualquier tierra gobernada por el PP.PP.) y los trabajadores de Baerza se volvieron a encontrar con el pantalón gacho y el ojete rácanamente untado con vaselina por el bizconde de KK.OO., Berenat del STAFA y el OSO...
Parece un cuento, ¿verdad? Pues sólo los nombres son inventados.